El presidente de EEUU, Donald Trump, dice que el recorte de impuestos va a revitalizar la economía del país, pero la medida debe generar un déficit fiscal trillonario, sino no funcionará.

En diciembre del 2017 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprobó una ley de modificación del sistema fiscal del país, su primera victoria en el Congreso desde que asumió el cargo hace más de un año. El eje central de la propuesta es la reducción de los impuestos cobrados por las empresas.

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Trump sanciona la reforma tributaria en la Casa Blanca

Trump considera la medida fundamental para revitalizar la actividad económica y colocar el crecimiento anual del país a un ritmo superior al 3%. Por otro lado, expertos calculan que el recorte de impuestos va a generar un déficit fiscal trillonario.

La previsión que tiene pensada es que esta medida aumentará los beneficios de los bancos y otras compañías a medio y a largo plazo. Esto porque reduce los impuestos de las empresas del 35% al ​​21%, el mayor recorte de los últimos 30 años.

Otro cambio es el cobro de una tasa única de un dígito sobre las ganancias repatriadas.

Después de la reforma, un número creciente de empresas norteamericanas anunció el pago de bonos, aumento de salarios, mejora de beneficios laborales y otras inversiones.

La reforma también simplifica el pago de impuestos de personas físicas, reduciendo las franjas de cobro de siete a cuatro, como el 12%, el 25%, el 35% y el 39,6%. El cambio será gradual y será mayor para quien está entre el 95% y el 99% con mayor ingreso (3,1 puntos porcentuales).

Efectos positivos para las empresas

La reducción de la cuota del impuesto sobre la renta para las empresas y el cobro de una tasa única sobre ganancias repatriadas ya ha beneficiado a varias empresas norteamericanas y es que este mes, varias compañías han anunciado un aumento de la inversión, los salarios y la creación de empleo en los EE.UU., como resultado de las ganancias fiscales de la nueva ley.

Los analistas esperan que este tipo de cambios ayude menos a las empresas de tecnología que algunos otros sectores como el transporte, la venta al por menor y a la banca, ya que las empresas de tecnología ya pagan un impuesto relativamente bajo.

Sin embargo, la reforma favorece a empresas como Apple, Microsoft y otras de tecnología con grandes ventas en el extranjero.